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Comunidades de Tecnología Cívica o la Inteligencia de la Cooperación TIC entre Ciudades.

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Tecnología Cívica: las aplicaciones de la ciudadanía.

Las tecnologías de la comunicación y la información, especialmente los medios de comunicación social, aplicados al ámbito del ejercicio de la ciudadanía y la construcción del espacio público, es un ámbito de trabajo que me fascina porque aglutina algunas de las áreas de conocimiento que más me interesan por su enorme poder de influencia sobre la vida de las personas: la tecnología, el urbanismo, la cultura de la participación y el compromiso ciudadano y las políticas sociales y económicas.

Cuando utilizamos las tecnologías digitales y los medios sociales para la provisión de los servicios de la ciudad, la generación de compromiso ciudadano y el análisis de la información para la toma de decisiones en la ciudad, estamos hablando de Tecnología Cívica.

Encontramos una gran variedad y diversidad de iniciativas de desarrollo de aplicaciones de software cívico que se están desarrollando por todo el mundo y que están teniendo impacto en diferentes ámbitos:

  • la generación de espacios urbanos más sostenibles,
  • la mejora de la calidad de vida y la salud de sus habitantes,
  • la calidad de los servicios públicos
  • la participación de todos sus ciudadanos, la transparencia y el buen gobierno,
  • los problemas de exclusión social y
  • la generación de riqueza y empleo.

Este tipo de aplicaciones están siendo desarrolladas en su mayoría con software de código abierto. Esto se debe no sólo a las características tecnológicas del software (disponibilidad del código, robustez y fiabilidad, entre otras), legales (permisos para modificar, reutilizar o comercializar etc.), comerciales (normalmente no hay que afrontar costes de licencias) o metodológicas (desarrollo de software colaborativo, en comunidad, en abierto); sino que también obedece a una necesidad de las ciudades de profundizar en la buena gobernanza, la transparencia y en la democracia participativa; así como a la necesidad de incorporar el talento, que puede estar en cualquier rincón de la ciudad (o el territorio), al proceso de innovación social.

En España podemos identificar tecnologías cívicas de software libre en la plataforma de crowdfunding Goteo. Algunos ejemplos de este tipo de proyectos colaborativos que han contado con la financiación particular de la ciudadanía son: Smart Citizen-Sensores Ciudadanos del Fab Lab de Barcelona, la aplicación Qué hacen los diputados, que nos permite hacer un seguimiento del trabajo de los políticos; el portal de Tv Adtlántida.tv que es un sistema de radiotelevisión que permite emitir tv en directo y consultar material de audio y vídeo; el proyecto Protolab Móvil cuyo objetivo es la difusión de la cultura electrónica; o VirtualPol que es la primera red virtual democrática y que es utilizada, por ejemplo, por la Asamblea 15M.

A nivel Europeo, una fuente de referencia en el ámbito de la tecnología cívica es el portal ICOS-Intelligent/Smart Cities Community. Esta comunidad ofrece información sobre aplicaciones cívicas de fuentes abiertas que han sido implementadas con éxito en diferentes ciudades del mundo. En Reino Unido encontramos mySociety, organización no gubernamental que desarrolla tecnología open source para fortalecer la sociedad civil.

En EE.UU, el liderazgo en este ámbito también viene de la mano de organizaciones no gubernamentales como Civic Commons o OpenPlans. Ambos son una referencia obligada en el desarrollo de proyectos de tecnología cívica de código abierto, y se enfocan especialmente a proyectos destinados a mejorar la eficiencia y calidad de los servicios públicos que ofrecen los gobiernos locales, con especial atención a los colectivos más desfavorecidos. Una de las iniciativas de Civic Commons es su marketplace, donde las ciudades comparten información sobre sus aplicaciones cívicas, la mayoría de ellas de código abierto.

El boom de las aplicaciones ciudadanas, estrategias para la sostenibilidad y la eficiencia

Ahora bien, en muchas ocasiones la tecnología cívica no está resultando sostenible y los proyectos se abandonan y mueren. La continuidad de los proyectos depende, en muchas ocasiones, de la voluntad de los colectivos de ciudadanos que los impulsan, o del esfuerzo personal de algunos pocos técnicos municipales, que a menudo carecen, o bien de los conocimientos técnicos para mantener la solución, o de las capacidades y conocimientos adecuados para mantener la participación y el compromiso de los actores con este tipo de proyectos.

Para garantizar la sostenibilidad de este tipo de tecnologías es necesario partir de un campo acotado. Es mucho más fácil tener éxito en los proyectos de tecnología cívica cuando contamos con la participación de los grupos y colectivos locales que ya funcionan como tal, donde ya existen unas  dinámicas de participación y comunicación, y que se ven afectados, o son sensibles al problema que queremos solucionar, o al servicio que queremos mejorar. Esto no significa que los proyectos no deban estar abiertos a la participación de toda la ciudad, pero como empuje inicial resulta muy útil buscar alianzas con las asociaciones y colectivos ya establecidos. Esto no es nuevo, ya se hace en otros ámbitos como la intervención comunitaria o la planificación urbanística.

Aplicar el enfoque de la planificación participativa en el desarrollo de la tecnología nos asegura que las herramientas abordan los problemas reales que queremos solventar, por lo que las aplicaciones serán más eficaces y además los usuarios finales se sentirán co-creadores del proyecto, lo que asegurará, en buena parte, que las tecnologías sean usadas y no caigan en el olvido.

Los desarrolladores de las soluciones no necesitan ser unos expertos en las técnicas y herramientas de planificación y acción participativa, hay profesionales que saben manejar muy bien estos procesos, y que estarán encantados de contribuir a la creación de estas soluciones, poniendo en contacto y haciendo trabajar juntos a la comunidad y a los desarrolladores. Para quien le interese el tema de la planificación participativa puede empezar por los recursos de la Red CIMAS.

Por otro lado, el desarrollo de la tecnología cívica a nivel gubernamental se enfrenta a las restricciones presupuestarias que ahogan a los municipios; y los problemas de financiación de las iniciativas comunitarias, sólo en casos muy contados, se solventan con la aportación particular y colaborativa a través de las iniciativas de crowdfunding.

Otro problema es que en ocasiones, las ciudades en lugar de reutilizar las soluciones existentes, adaptándolas a sus necesidades particulares, vuelven a diseñar soluciones nuevas, por lo que al final ¡acabamos reinventando la rueda, también con software libre, en lugar de reutilizar tecnología! Esto está motivado tanto por la falta de conocimiento e información sobre la tecnología, como por una mala práctica en la compra pública de software que favorecen la adquisición de software propietario, como por la mala práctica de algunos gestores de ignorar los logros de terceros por motivos que no van más allá del propio ego.

Otra cuestión que hay que señalar es que aunque muchas de estas tecnologías sociales son de código abierto, no implica necesariamente que las ciudades puedan descargarlas y utilizarlas directamente. En la mayoría de los casos va a ser necesario una adaptación a las necesidades específicas de la ciudad y un mantenimiento posterior, y aquí hay un gran campo para las pymes tecnológicas locales. Las Administraciones Públicas pueden adquirir software sin licitación, pero necesitarán los servicios de empresas tecnológicas para asegurar la calidad de los nuevos servicios que prestan a través de la tecnología cívica utilizada.  

Por este motivo, las tecnologías cívicas son un nicho de negocio emergente. Las ciudades, cada vez más, van a necesitar recurrir a empresas que sean capaces de desarrollar, adoptar o mantener este tipo de soluciones. Las empresas tecnológicas locales deberían investigar sobre las tecnologías e iniciativas existentes en este ámbito, aplicar metodologías de desarrollo que minimicen el riesgo en este tipo de proyectos, e incorporar en los procesos de planificación de los proyectos metodologías participativas que den voz a todos los interesados de una manera rápida y eficaz.

¿Cómo pueden materializar las ciudades estos proyectos cuando la crisis económica estrangula sus presupuestos?

La mejor forma es a través de la creación de Comunidades de Tecnología Cívica o la Cooperación Inteligente de Ciudades en proyectos de tecnología ciudadana. 

Las ciudades y territorios se enfrentan básicamente a los mismos problemas, su ciudadanía tiene las mismas necesidades y los gobiernos locales tratan de proporcionar servicios similares. Por lo tanto, lo que sería realmente inteligente para las ciudades es que pudieran cooperar y trabajar juntas, desplegando toda su inteligencia, es decir, haciendo fluir y abriendo la información, de modo que para satisfacer determinadas necesidades, pudieran desarrollar tecnologías comunes aunando presupuesto y talento. Trabajar en cooperación con otras ciudades va a dar como resultado mejores tecnologías, por mucho menos dinero que el que se hubiera empleado adquiriendo software de manera independiente. Al mismo tiempo, esto va a dinamizar el sector empresarial tecnológico de las ciudades.

Aunque las ciudades en la actualidad no tienen mucha experiencia en trabajar juntas en proyectos de tecnología si lo tienen en otros ámbitos de las políticas públicas, por lo que no partimos de cero, ya que las comunidades de tecnología cívica para ser eficaces y sostenibles deberán dar voz a todos los actores implicados, no sólo a los de un perfil tecnológico. En CENATIC sabemos poner a trabajar a actores diferentes y contamos con un equipo multidisciplinar que está listo para afrontar este nuevo reto de las ciudades en el ámbito tecnológico, incorporando al ámbito de las comunidades de software la perspectiva de las políticas públicas, el funcionamiento de la administración local, la cooperación en red, la gestión organizacional y de recursos humanos o la gestión de la participación y el cambio.

Este es el modelo de ciudad inteligente: abrir, reutilizar y cooperar (datos, estándares, código, software) para el empoderamiento de la ciudadanía.

Este modelo ya funciona. Está siendo utilizado en el desarrollo de tecnología que mejora la gestión y el trabajo de las administraciones. Encontramos Comunidades de Software de Administraciones Públicas en todo el mundo, con lo que podemos aprender de los errores y las buenas practicas.

Ahora el reto está en la tecnología que impacta directamente en la vida de la ciudadanía, la Tecnología Cívica, aquella que se puede “tocar”, y que son herramientas muy interesantes que pueden facilitarnos a la ciudadanía empoderarnos, participar, generar compromiso con los asuntos públicos, aumentar nuestro conocimiento sobre la ciudad y el territorio, mejorar nuestro nivel de educación, de calidad de vida y en definitiva contribuir a que seamos ciudadanos más felices.

 

08.10.13

Ana Trejo Pulido, Socióloga, Analista TIC en CENATIC @anatrejopulido

Mi graphic bio: https://www.vizify.com/ana-trejo-pulido